RELIGIÓN, HOMOFOBIA Y REPRODUCCIÓN: EL NUEVO VIEJO CAMINO DE LOS CONSERVADORES AL PODER (PARTE 1)

El individuo que funciona normal, adecuada y saludablemente como ciudadano de una sociedad enferma ¿no es un enfermo?
—Herbert Marcuse

En su ensayo titulado La agresividad en la sociedad industrial avanzada, el sociólogo y filósofo alemán, Herbert Marcuse, observó que en una sociedad como la nuestra, entre menos pueda una persona hacer lo que puede hacer si tuviera las condiciones adecuadas, mayor y más violenta tendrá que ser la represión por parte de las instituciones de control (policía, escuela, trabajo, iglesia) si ésta persona (o quien fuese) hiciera lo que, teniendo las condiciones adecuadas, puede hacer.

Desafortunadamente, cuando la diócesis de Mexicali (Isidro Guerrero Macías), la clase político-empresarial (Víctor Hermosillo) y las iglesias evangélicas a través del ultra-conservador Frente Nacional por la Familia (Marcela Vaquera) logran juntar a más de 2,500 personas para negar que una mujer, única nave biológica que puede traer a humanos al mundo, pueda tener derecho sobre su cuerpo y decidir si se quiere reproducir o no —además de haber logrado que todo mundo fuera vestido de azul y blanco, como de pura casualidad—, nada más le queda a uno suponer que las lecciones humanas, sociales, tecnológicas y científicas del siglo XX le pasaron a Mexicali de noche y sin ruido.

Como nada más pueden los narcisos que odian su reflejo, la así llamada “triple hélice de la defensa” (vida, familia y libertad) ha servido otra vez para confundir a la gente más humilde y a la más vulnerable de nuestra comunidad. Primero por no tener dinero y luego por no tener opción.

En un video subido por La Crónica, se puede ver a un hombre frente al edificio del poder ejecutivo en el centro cívico gritando consignas: “!Si no hay vida no puede haber leyes!” “¡No es fruto de la democracia decidir quién vive y quien muere!” “¡El derecho no determina la moral!” “¡No se puede hablar de vida sin hablar de Dios!” “¡Dios está presente en esta marcha!” Y cada que el animador terminaba una frase desde el micrófono, las mujeres de la plaza (que eran mayoría) respondían con un grito como el de las chicas del coro: ¡huuuuu...!

Esta super-represión, como llama Marcuse a la negación institucional, ya no sería en nombre del desarrollo ni por la civilización, como antes se justificaba, sino que los grupos más arriba en la pirámide social harían todo lo posible para impedir que las masas tuvieran la libertad de construir modelos y estilos de vida que pudieran ofrecer alternativas para, precisamente, vivir. Y sería así, dice Marcuse, pues el solo hecho de que la gente —que ya de por sí hace todo— se diera cuenta que no necesita que le peguen para tener bienestar ni lograr una democracia amenazaría la existencia misma de las élites.

Precisamente porque son los grupos de poder tradicionales quienes empujan a ciertos movimientos, debería ser obvio que a la gente más afectada por las crisis en oleadas es a quien le han vendido (y ésta ha comprado) la idea de que regresando a viejas costumbres y estructuras de poder —tales como la nación, la religión o la familia— traerá de vuelta la estabilidad económica, la movilidad social, la seguridad pública, el desarrollo cultural y, encima de todo eso, nuestra dignidad. Pero cuidado, añaden los profesionales del discurso en sus tertulias de nómina, cualquier esfuerzo progresista o “de izquierda” sólo podrá trae más caos, pobreza, inseguridad y vicios.

Ahora bien, entrevistado hace un mes por el Instituto de Formación Política Nacional, el intelectual y sociólogo Boaventura de Sousa Santos recordó que “la extrema derecha es experta capitalizando el descontento social y popular”. Por ello, dijo, se necesita evaluar críticamente cada movilización y darse cuenta si un movimiento es “genuino y popular”, o si la extrema derecha ya pudiera estar “utilizando y manipulando el descontento”... en cual caso habría que seguir pensando de manera crítica.

A ojos de quien escribe, lo que comienza a suceder en Mexicali con este movimiento comandado por el Frente Nacional por la Familia —cuyas redes van tan lejos y tan profundo como la dictadura franquista, el Yunque, las multinacionales evangélicas y un enorme sector del empresariado nacional—, es que a falta de proyecto social regional, la estructura política formal de los conservadores de la Colonia Nueva, Los Pinos y los San Pedros (o sea el PAN), lo que va a hacer es montarse sobre los temas del aborto y matrimonio igualitario para intentar acaparar a toda la gente que ya tiene una opinión sobre el asunto y de paso dividir al voto popular por las grietas que hagan estos temas en las próximas elecciones locales.

Habría que escuchar a de Soussa Santos cuando dice que “la izquierda ya no tiene el monopolio de la calle” y reflexionar sobre ello: ¿qué significa esto y qué podemos hacer para evitar que lo más de todos no se convierta en nada más de ellos? Porque todavía más extraño que atestiguar la movilización política de un sector importante de las familias que pueden vacacionar en Europa y comprar carro del año, es ver que también asisten al mismo evento un número considerable de familias que apenas pueden pagar una ida al cine y que por necesidad nunca podrán dejar de trabajar. Aunque, por otro lado, me atrevo a decir —como algo medianamente positivo— que si en efecto no estuvieran en peligro los desayunos con cafecito de las señoras de sociedad, definitivamente no sentirían la necesidad de tomar la calle.

La moneda está en el aire.

Extra: Hoy se cumplen cinco años de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de la normal rural de Ayotzinapa “Isidro Burgos”.
A cinco años de los hechos, seguimos exigiendo justicia.

Extra 2: El próximo sábado (28 de septiembre) habrá una concentración y después baile para defender el derecho natural que toda mujer tiene para decidir si quiere reproducirse (o no) en este mundo.

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